El pilates no es “estiramientos suaves”. Esto es lo que la evidencia dice sobre el pilates como herramienta clínica.
El pilates suele percibirse como una actividad suave de “mantenimiento”. La realidad clínica es distinta: cuando se aplica con criterio terapéutico —es decir, dirigido por un fisioterapeuta que adapta cada ejercicio a la condición de cada persona— es uno de los abordajes con mayor respaldo científico para varias patologías musculoesqueléticas concretas.
7 beneficios del pilates terapéutico
El trabajo de musculatura profunda (transverso abdominal, multífidos, flexores profundo del cuello…) estabiliza la columna y reduce la sobrecarga sobre los discos intervertebrales. Es uno de los complementos más recomendados en el tratamiento de fisioterapia de columna.
El pilates terapéutico es uno de los abordajes más seguros y eficaces para la recuperación del suelo pélvico tras el parto, y para casos de incontinencia urinaria de esfuerzo, siempre bajo supervisión adecuada.
El trabajo de control motor y propiocepción mejora significativamente el equilibrio, reduciendo el riesgo de caídas en adultos mayores. Además, mejorar la movilidad articular reduce la rigidez sin sobrecargar la articulación.
¿Por qué importa quién dirige la clase?
Un fisioterapeuta-instructor identifica y modifica el ejercicio en tiempo real cuando alguien siente dolor, además de adaptar los ejercicios a las lesiones previas de la persona. Eso no es una variante “más suave”: es criterio clínico.
La diferencia entre un estudio de pilates convencional y el pilates terapéutico no está en los ejercicios, sino en quién los adapta.
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